Que la poesía es música lo sabían Píndaro, Dante y Poe. Lo saben todos los cantautores que han musicado a Lorca, y los que han compuesto poemas para ser enviados, acunados por notas musicales, al resto de los seres humanos. Lo sabe hasta un niño cuando el profesor le hace contar sílabas (y sabe también, como los antiguos, que la poesía, como la música, algo tiene de matemática). Sea la música de las esferas celestes o el vibrar de una guitarra eléctrica, la poesía está hecha para ser encajada en un ritmo: de esta obviedad parte este grupo musical.

Luego hay más cosas. Gil de Biedma dejó escrito que la poesía era como un placer (o un vicio) solitario. En gran parte, HdeAda lo suscribe; y sin embargo, ¡qué gozo el compartirla! Fue él mismo, en el mismo poema, quien dijo que los poemas son un modo que adoptamos/para que nos entiendan/y que nos entendamos. Es el juego de hacer versos (que no es un juego) el que provoca a los integrantes de esta formación para que los arropen con música y se sirvan de ella para comunicarse con los demás. Es ese espíritu de rara comunión el que les alienta en sus composiciones. Ahí reside la razón de la variedad que nutre sus canciones. Cada poema, y cada momento de lectura, sugieren un ritmo, una melodía, un estilo o un estereotipo. No hay que cerrarse a nada, ni a los tópicos. Lo claro y lo oscuro de hecho conviven.

Algo que queda claro al disfrutar de Musícoesía, el primer disco de HdeAda, una formación integrada por cinco miembros: dos guitarristas (Toto y David), bajo y voz (Jordi), batería (Xavi) y la cantante (Rosa).