Desde que en 1991 saliera su primera novela corta, La luna quieta, este autor ha ido acaparando premios y el favor de público hasta convertirse en una voz imprescindible dentro de las letras españolas en general y de la literatura de género en particular, aunque no únicamente. Sus primeras obras ya demostraban su capacidad para tocar con igual acierto géneros muy diferentes, aunque con predominio de la ciencia ficción, y logró premios como el Ignotus (con Estado Crepuscular en 1994, con El mito de Er en el 2002 y con su primera novela larga, La mirada de las furias, en 1997), el UPC (con Buscadores de sombras en el 2000, aunque ya habia sido finalistas y recibido menciones en numerosas ediciones anteriores) o el Gigamesh (con Estado Crepuscular en 1994). Otra obra suya, La amada de los dioses, fue finalista al premio Sonrisa Vertical a la mejor novela erótica en el 2003.

En el 2003 da otro salto de calidad y comienza, con la novela La espada de fuego, su Saga de Tramorea, una tetralogía de tremenda calidad literaria y enorme sentido del ritmo que ya es en España una de las obras más vendidas y  aclamadas de la literatura de género y que fue publicada con éxito en el extranjero. En 2006 gana el premio Minotauro con Los señores del Olimpo, donde demuestra su enorme conocimiento del mundo griego y su osadia para convertir en personajes a los dioses olímpicos.

Alejandro Magno y las águilas de Roma y Salamina son dos novelas aparecidas con un año de diferencia, en las que Negrete comienza a alternar entre el fantástico (Atlántida o La Zona, esta última junto a Juan Miguel Aguilera) y la novela histórica (La reina del Nilo) e, incluso, ensayos (La gran aventura de los griegos o Roma victoriosa), nuevamente con igual acierto. Un acierto basado en una constante mezcla de alta literatura y enorme talento narrativo, de la que sigue haciendo gala con cada obra.