Nacido en la primavera de 1969, fue uno de esos niños que vivió intensamente cada sobremesa del sábado la aparición semanal de Mazinger Z, en la tele de dos canales de aquella España en el ya lejano 1978.

La experiencia hizo nacer en él la afición por el anime japonés, desde las obras de Clamp y el estudio Manglobe, Madhouse o Sunrise, hasta las películas más recientes de Mamoru Hosoda, pasando por la obra completa de Satoshi Kon y Hayao Miyazaki, por decir lo más destacado.

Consciente de donde viene su interés y atracción por la producción japonesa en animación, ha querido aprovechar la

oportunidad de rendir un homenaje al más famoso robot de todos los tiempos y a los recuerdos de toda una generación en su libro ¡Mazinger! ¡planeador abajo!, donde también publica por primera vez fuera de Japón el cuadro completo de animadores y sus estilos, entrando a detallar la variedad artística que contiene una serie cuya fama sobrevive hasta hoy.